Raquel del Rosario – Planeta Particular

24 enero 2017

SOMOS ETERNOS

Dicen que las almas se reconocen por su vibración y no por su apariencia.

Alguien me dijo una vez, que las personas somos como un compuesto químico y que tenemos diferentes reacciones cuando estamos cerca unas de otras, que nuestra energía no puede ni tiene por que ser compatible con la de todo el mundo.
Si bien es cierto que en la sociedad en la que vivimos es casi imposible no quedarnos con una primera impresión fijándonos solo en “el envoltorio”, al final del día, si no existe eso que llamamos “química” o “afinidad”, no hay nada que la apariencia ni la belleza física puedan hacer para que una buena (que no cordial) relación se de.

Algo que me ha costado entender y aceptar, es por qué hay determinadas personas, algunas incluso muy cercanas, con cuya presencia no me siento cómoda. Esto no quiere decir que hayamos buenos y malos en este aspecto, simplemente significa que, de alguna manera, nuestras energías son incompatibles. Aunque no siempre se trate de un sentimiento recíproco.
A veces no tiene porque estar algo mal entre nosotros y otras personas, simplemente se trata de reconocer que no vibramos igual.
Supongo que también les habrá pasado al contrario. Experimentar una fuerte atracción o sentirse extremadamente cómodos junto a alguien que acaban de conocer, alguien con quien se quedarían hablando y compartiendo durante horas, ajenos al mundo. Esas personas que cuando se van, te dejan una sonrisa en la cara y unas inmensas ganas de reencontrarte pronto con ellas.

Del mismo modo, nuestra energía va cambiando en función del momento que estemos viviendo, por eso también es normal sentir que, de repente, el cuerpo nos pide distanciarnos de algunas compañías y acercarnos a otras.

“Existe un mundo sutil y energético más allá de nuestra propia percepción,
en el que los lazos de amor son para siempre.”

¿Y lo mágico que es experimentar un reencuentro?
Normalmente cuando hablamos de almas gemelas pensamos en una relación de pareja, pero no siempre es así.
Hace unos día me enviaron el video de una preciosa historia que se ha hecho viral, la de la estrecha amistad de una niña de 4 años y un anciano de 82 que se (re)conocieron en el supermercado.
Cuenta su madre, que Norah ya mostraba una sensibilidad especial hacia la gente mayor, le decía que “le gustaba su piel suave y sus gestos lentos y que le encantaría dar amor a toda esa gente que ya se encuentra cerca de la muerte.”
Por otro lado, Dan, el anciano, había caído en una profunda depresión tras la muerte de su esposa y afrontaba cada día como una cuenta atrás para la suya.
Cuenta su madre que, cuando Norah lo vio en el supermercado, su rostro se iluminó y sin pensarlo dos veces le gritó: “-¡Eh señor mayor, hoy es mi cumpleaños!”.
Tras una divertida conversación, la niña le insistió a su madre para que le tomara una foto con su nuevo amigo por su cumpleaños y, sin pensarlo, se abalanzó sobre el dándole un fuerte abrazo.
Lo que Dan no sabía, es que aquello no era más que el comienzo de una asombrosa amistad, y que aquella dulce y divertida niña cambiaría su vida por completo.
Actualmente Norah pide visitar a Dan con frecuencia, con quien pasa horas jugando y hablando. Ella no duda en referirse a él como su mejor amigo e incluso duerme abrazada a su fotografía.
¿Acaso es casualidad que coincidieran aquel día en los pasillos del super?, ¿en aquel difícil momento de la vida de Dan?.
Sin duda, un historia realmente tierna y conmovedora.

Aquí un pequeño reportaje que hicieron de la historia:

Aunque no tenga mucho que ver, esta historia me hizo recordar de alguna manera a la de la familia Coble.
Si ya la pérdida de un hijo debe ser una de las cosas más duras que pueden sucederle a alguien, no puedo imaginarme lo que tuvo que ser para este matrimonio perder a sus tres pequeños (un niño y dos niñas) de 5, 4 y 2 años en un accidente de tráfico.

Aquella historia movilizó a muchas personas que se congregaron en el barrio donde residía la familia para mostrar su cariño y apoyo en aquellos difíciles momentos.
Los Coble aunaron fuerzas para seguir adelante y apenas unos meses después, decidieron intentar tener más hijos.

Debido a razones médicas, tuvieron que recurrir a la fecundación in Vitro. De los diez óvulos que le extrajeron a ella, solo fueron fertilizados con éxito tres, se trataba de dos niñas y un niño.
No pudieron elegir, sintieron aquello como una señal y finalmente decidieron llevar adelante el embarazo con los tres embriones.

Antes de cumplirse un año del terrible accidente, el matrimonio tenía tres nuevos pequeños en sus vidas. En menos de 365 días habían vivido la peor de sus pesadillas y el más maravilloso de los milagros.
Por supuesto que sus hijos eran y siempre serán irremplazables, pero no me cabe la menor duda de que hay MUCHO de ellos en sus hermanos.
No se a ustedes, pero a mi su historia me pone la piel de gallina.

No me cabe la menor duda, somos un sinfín de almas bailando una perfecta y sincronizada danza.
Encontrándonos, despidiéndonos y reencontrándonos.
SOMOS ETERNOS

(Sudadera de H&M)
Deseo que estén teniendo un buen comienzo de semana
Amor y luz
Raquel

“Les ayude a conocerse, pero se hubieran encontrado de todos modos sin mi ayuda. El destino funciona así.
El amor, cuando fluye libremente, vence todos los obstáculos”
Brian Weiss (Libro: Lazos de amor)


62 ComentariosEnviado por: Raquel del Rosario

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